Cultivo del cáñamo – el fragmento del libro publicado el año 1882

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Cultivo del cáñamo – el fragmento del libro publicado el año 1882

Cultivo del cáñamo – el fragmento del libro publicado el año 1882

Выращивание конопли о Шевченко Хмельницкого и Дмитриева

El cultivo del cáñamo

El clima caliente y húmedo es más favorable para el desarrollo del cáñamo; además el crecimiento rápido de esta planta permite cultivarla y en unas condiciones menos favorables. En el clima frío y seco el cáñamo nunca llega más de 4–6 pies de altura, al contrario, en el clima húmedo y caliente alcanza hasta 15 pies de altura. Las plantas jóvenes son muy sensibles a las heladas de la mañana primaverales, pero si se han desarrollado ya tanto que pueden sombrear con sus hojas el suelo, soportan bien el frío y la sequía larga.

En general al crecimiento del cáñamo le favorecen el tiempo sin viento, las lluvias frecuentes y calientes que tienen lugar durante las primeras semanas del crecimiento; los vientos fríos y fuertes provocan la formación de la cañamiza gorda y abundante, causando daño a la cantidad y a la calidad de la fibra. El suelo fértil y húmedo, que se destaca por la riqueza de los productos de la putrefacción que tiene el espesor considerablemente laborable, puede ser llamada la más favorable. El terreno pesado, arcilloso y mojado produce la fibra débil, la capa laborable arenosa y seca condiciona la pequeña altura de la planta y la hace leñosa.

La tierra virgen del prado, pero sin turba, las presas secadas etc favorecen al cultivo del cáñamo; lo mejor es sembrar el cáñamo sobre los buenos trigales situados cerca de los depósito de agua: estanques, lagos, zanjas, fosos, ríos etc.   A la fertilidad natural del suelo el abono abundante no es necesario para el cáñamo y no tiene la importancia especial y la consecuencia en la rotación de cultivos. A menudo esta planta se cultiva en el barbecho después de los cultivos de tubérculo durante 3-4 años seguidos. En las localidades conocidos por la fertilidad del suelo y por las cosechas del cáñamo, como, por ejemplo, en las provincias con las tierras negras, habitualmente se siembran cada año en los mismos campos; en otros lugares tratan de alternar su cultivo por la plantación de los siguientes cultivos: col, maíz, remolacha azucarera, cebada etc.

En las economías con el sistema de sucesión de cultivos el cáñamo sigue después de la colza salvaje. Puesto que el cáñamo sombrea perfectamente el suelo, de este modo favorece al mullido de su capa superior y a la destrucción de las malas hierbas debido a que el campo se queda en el estado útil incluso para el cultivo de las plantas más exigentes de agricultura.

El cáñamo tiene el período corto del crecimiento, y su raíz en comparación con las dimensiones de toda la planta es pequeña y no ramificada; por eso en la capa laborable del suelo deben encontrarse las reservas considerables de la comida disuelta y accesible para que la vegetación pueda realizarse fuerte y pronto; por eso la planta requiere el estiércol completamente convertido en el humus; el crecimiento del cáñamo se refuerza por el uso de la ceniza, de cal, de la harina trabajada de hueso, de los desechos de las fábricas de jabón etc.

Por otro lado, ninguna planta técnica no soporta tan bien el abono fresco como el cáñamo, puesto que ella se mantiene hasta a la estercoladura más abundante y teniendo la cantidad considerable de las hojas extensas puede superar todas las malas hierbas, que podrían desarrollarse y crecer a consecuencia del uso del estiércol de tena; por eso da igual por completo, si el estiércol se exporta en otoño o en la primavera. En muchas localidades antes de la llegada del invierno añaden el estiércol en el suelo por la mitad del estiércol destinado y la segunda mitad en primavera llevan al campo ya sementado por el cáñamo, dispersándolo por la superficie del suelo; en estos casos antes de la llegada del invierno habitualmente aplican el estiércol del ganado de cuerna, y en la primavera – el estiércol de caballo u ovejuno.

El estiércol auxiliar se aplica después de terminar la última arada y, dispersado por el campo, se amontona por un fuerte rastreo en la tierra. El suelo para el cáñamo se arada profundamente y se ahueca bien; para esto es necesario realizar la arada varias veces y luego rastrillar escrupulosamente; en unos suelos más ligeros es necesario emplear los rulos. Si el cáñamo se siembra después de las plantas de tubérculos, en otoño hay que arar profundamente el campo y dejarlo así para el invierno; en primavera es necesario ahuecar bien que se consigue por medio de la arada doble y del rastreo; este labrado mecánico del suelo es bastante suficiente, si el cáñamo se siembra en el mismo campo donde era sementado el año pasado; al contrario, al cultivo del cáñamo en el barbecho o después de cereales o después de la colza salvaje hay que hacer cuatro y a veces cinco aradas, dividiéndolas conforme a las características de la capa laborable.

El tratamiento en los suelos secos debe ser hecho principalmente en otoño para que por el mullido frecuente del suelo en primavera no pierda la humedad acumulada; hay que hacer completamente lo contrario en la localidades húmedas. El campo arado para el cáñamo es necesario dividir por los surcos en los rediles estrechos para que al cuidado de la siembra sería posible pasar a lo largo de los surcos sin dañar a las plantas dejadas para el crecimiento posterior. La buena semilla del cáñamo es densa, gorda, grasa a tientas, de color gris con el matiz de plata cenicienta. Prefieren la semilla de edad de un año ante la de edad de dos años aunque sube más rápido (dentro de 4–5 días), pero no tan monótonamente como en primer caso; sin embargo no hay que sementar la semilla de edad de 3 años, puesto que la fuerza completa de gérmenes se guarda solamente durante dos años.

El cambio de las semillas de cáñamo influye muy bien en el desarrollo de la planta, y nunca se puede omitir esta circunstancia.   La cantidad de las semillas de cannabis destinadas a la siembra depende del objetivo del cultivo y del modo de misma siembra. Para recibir las fibras tiernas y delgadas hay que sembrar más espesamente que para tener las fibras gordas para ataduras o simplemente recoger las buenas semillas. En la mayoría de los casos se aplica la siembra espesa porque la siembra clara facilita el desarrollo de las malas hierbas, aumenta la influencia nociva de la sequía y favorece, en particular, al desarrollo de los ramos de las plantas y a la aparición abundante de la cañamiza, reduciendo al mismo tiempo la cantidad de la fibra.

El cáñamo cultivado exclusivamente para las semillas, se siembra en las filas; en otros casos es más útil sembrarla diseminadamente. La siembra del cáñamo se realiza en el campo recién arado o en el campo rastrillado; el grano conforme con la densidad del terreno puede ser cubierto en una pulgada por la tierra y por eso utilizan los rastrillos de madera o de hierro; los primeros tienen lugar en los suelos arcillosos y húmedos, los segundos – en los suelos más ligeros y secos; en este caso es muy útil después del rastreo apisonar el suelo con el rulo no pesado.   En los suelos muy ligeros aconsejan arrebujar el grano sembrado de cáñamo a dos pulgadas de la profundidad; sin embargo en estas localidades más vale completamente negarse al cultivo de esta planta.

El tiempo más favorable para la siembra del cáñamo se refiere al período del 15 al 25 de mayo, es decir después de terminar los matinales primaverales que, aunque no destruyen completamente los gérmenes jóvenes, pero detienen su germinación y, causando el desarrollo doloroso, habitualmente reducen considerablemente la cosecha no sólo respecto a la cantidad, sino incluso respecto a la calidad.   Por otro lado, puesto que el período del crecimiento del cáñamo dura 13–15 semanas, por eso hasta en caso de su siembra avanzada (en principios del junio) la planta puede pasar todas las fases de su desarrollo. Por eso con las condiciones climáticas de nuestro país la siembra avanzada es más ventajosa que la siembra temprana.

El cuidado de la siembra regular consiste en la aporca, en el cubrimiento y en la escarda de las plantas jóvenes; en caso de sembrar diseminadamente la escarda se realiza solamente de vez en cuando. Si el suelo es rico y antes de la siembra fue mullido y cultivado bastante, la escarda se hace superflua y causa más daño que bien, pues en este caso las plantas que han crecido bien son tiernas y pueden ser rotos fácilmente; por otro lado, son tan potentes que pueden superar las malas hierbas que aparecen. Si debido a la aparición de la cantidad considerable de las malas hierbas la escarda es necesaria, debe comenzarla entonces, cuando el cáñamo alcance 4–6 pulgadas de altura; además para la escarda es necesario escoger la época de lluvias, tratando no dañar a las plantas sementadas.

El olor fuerte y embriagador del cáñamo afecta no sólo a las personas, sino también a los insectos; se puede afirmarlo porque ningún insecto no ataca a la planta; esta circunstancia ha dado el motivo a la suposición falsa como si por medio de la siembra del cáñamo se preserven otras plantas técnicas de los insectos dañinos.   A veces el cáñamo sufre de las plantas parásitas, por ejemplo de la cuscuta y en particular del orobanche. Este parásito se desarrolla en la capa laborable, y si sus plantas jóvenes atacan a las raíces de cáñamo, penetrando con sus órganos chupadores, comienzan a crecer extraordinariamente rápido y agotan el campo laborable tanto que poco tiempo después el cáñamo se debilite y muera. A veces estas plantas parásitas se reproducen en tanta cantidad enorme que pueden eliminar todo el campo de cáñamo. El único remedio es la destrucción de los parásitos por medio de las pequeñas palas estrechas de 2 pulgadas.

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